Junto con la ansiedad, las llaman las enfermedades del siglo XXI.
Y no es para menos. En los últimos años ha habido un incremento en los índices de depresión alarmantes.
Y es que parece que… cuantas más facilidades tenemos y más avanza el mundo, más tristeza sentimos!!!
Existen muchas razones que podrían explicar el por qué. Pero serían tantas como personas existen.
Lo que nos interesa más es cómo tratar la depresión.
Una depresión es un estado profundo de tristeza. Y la tristeza por más profunda que sea no es más que una emoción y se comporta como todas las demás.
Una emoción es un mensaje corporal. Hay una serie de experiencias internas, traumas o recuerdos que la persona necesita elaborar para avanzar.
La tristeza nunca aparece sola. Siempre la trae algo que nos pone tristes. Y es ahí donde debemos entrar. Averiguar el origen de la tristeza, observar si ese es el problema o es más la forma de enfocar el problema lo que nos atasca en esta tristeza.
Una vez analizamos esto y llegamos a comprender el origen de la emoción, entonces podemos cuestionarla, trabajarla, aceptarla y en última instancia dejarla ir y cambiarla por otra más sana.
La depresión no es fácil de sentir, no es fácil de llevar y desde luego puede volverse muy cuesta arriba.
Es muy posible que si tienes depresión estés leyendo estas líneas sin saber si sacarás fuerzas suficientes para verme, y no te culpo. Pero sí te aseguro que si consigues hacer el esfuerzo yo estaré al otro lado encantada de acompañarte en tu proceso y caminar contigo hasta ayudarte a sentirte mejor. Es el ofrecimiento más realista y más sincero que puedo hacerte.
Un/a psicólogo/a conoce cómo funciona la depresión. Los mecanismos que la disparan y la mantienen y sabe cómo ayudar a gestionarla de la manera adecuada. Sabe aportar un apoyo sólido y reforzante a la persona para que se sienta capaz de avanzar y deshacerse de la tristeza. Es capaz de acompañarlo/a en el camino de cambiar su forma de gestionar la vida, la pena, el dolor y la soledad para ayudarle a salir de ese agujero en el que ahora se siente.
En otras situaciones y con otras problemáticas de nuestra vida lo vemos muy claro y no dudamos en contactar con un profesional. No se nos ocurriría tratar de arreglar el motor estropeado de nuestro coche sin tener ni idea de mecánica, por ejemplo.
El problema es que toda la vida nos invitan a autogestionarnos. A saber controlarnos y mantenernos estables. Pero si te das cuenta, ¡no nos han enseñado a hacer eso en ningún momento!
Tu motor es tu mente que viene sin instrucciones desde que naciste. Es totalmente normal contar con alguien que ya sabe cómo funciona y puede ponerte las cosas mucho más fáciles y agradables.
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